lunes, 21 de marzo de 2016

87. El milagro de la abuela

Cuando recibí el diagnostico de autismo atipico sentí un escalofrío, que solo las mamis podemos sentir ante lo incierto. recuerdo observarla, intuirlo, tratar de romper su barrera de miedo, y viéndome a mi, incapaz de poder abonar, tal vez no incapaz, porque sabía que tenía las herramientas, pero no sabía como usarlas, ni por donde empezar a desmarañar tanto cable de neuronas para saber a donde se apago la luz, o cual era la que brillaba más.


La sicologa sigue con el analisis de los resultados, y sonrío como a quien le cuentan un chiste, "Abi teme saltar" "Abi tiene un sueño intermitente en las noches" "Abi teme al agua"... No es mi Abi, como no, es mi Abi, era mi Abi cuando se llegaban las 2, 3, 4 de la mañana luchando por regresarla a su cama, esa era mi Abi, la niña que tomaba sopas transparentes y se colgaba como araña cada vez que tocaba el agua de la piscina...


- De acuerdo a todas las pruebas realizadas en estos días, creo que el doctor. ha errado en su diagnostico- Interviene la sicologa
- ¿Será fruto de nuestra intervención -terapias, familia, etc, etc.,digo pues, porque yo la veía también-
- No creo, demasiado drástico, además esto no es curable, se es o no se es, aunque todo el esfuerzo familiar ha influido en sus capacidades-
-¿Y que me dice de un milagro? Mi madre dice que fue un milagro
- Señora, que lindo pensamiento, pero pienso más que el diagnostico es errado-


El Dr se equivocó? Si la he visto con mis ojos separando los amarillos de sus alimentos, la maestra me dijo que no hablo un año completo en el kinder, recuerdo tantos episodios en donde sabíamos que la primera frase de quien la veía era "¿y ella siempre es así?".. "Así" así cómo, y porque no me hablan claro... sí, recuerdo esos pensamientos  y recuerdo el abrazo de su abuela, mi Abi del viernes y mi Abi del lunes siguiente. Dos Abis completamente diferentes mientras mi mami dice "Dios ha hecho el milagro en su cerebro"...


Amigas, yo vi cuando su luz se apago en sus ojos y después de ese abrazo, del abrazo que venia cargado con una oración muda para el oído pero audible para el Señor, regreso el brillo en los ojos de mi hija. El milagro de la luz.


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